En Flourish y Blotts

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Narradora POV

En ese momento se oyó la puerta principal de la casa.

— ¡Ya ha llegado! — dijo George — ¡Papá está en casa! —

Todos corrieron a su encuentro.

El señor Weasley estaba sentado en una silla de la cocina. Era un hombre delgado, su cabello era tan rojo como el de sus hijos.

— ¡Que noche! — farfullo, tomando la tetera mientas los muchachos se sentaban a su lado — Nueve redadas. ¡Nueve! Y el viejo Mundungus Fletcher intentó hacerme un maleficio cuando le di la espalda —

Arthur tomo un largo sorbo de té.

— ¿Encontraste algo, papá? — pregunto Fred con interés —

— Solo unas llaves que merman y una tetera que muerde — respondió Arthur — Han ocurrido, sin embargo, algunas cosas bastantes feas que no afectan a mi departamento. A Mortlake lo sacaron para interrogarle sobre unos hurones raros, pero eso incumbe al comité de Encantamientos Experimentales, Gracias a Dios —

— ¿Para que sirve que unas llaves se encojan? — pregunto George —

— Para atormentar a los Muggles — suspiro el señor Weasley — Se les vende una llave que merma hasta hacerse diminuta para que no la puedan encontrar nunca cuando la necesitan... Naturalmente, es muy difícil de dar con el culpable porque ningún Muggle quiere admitir que sus llaves merman; siempre insisten en que las han perdido. ¡Jesús! No sé de lo que serían capaces para negar la existencia de la magia, aunque la tuvieran delante de los ojos... Pero no creerán las cosas que a nuestra gente le ha dado por encantar —

— ¿COMO COCHES, POR EJEMPLO? —

La señora Weasley había aparecido blandiendo un atizador como si fuera una espada.

Arthur abrió los ojos de golpe y dirigió a su mujer una mirada de culpabilidad.

— ¿Co-coches, Molly, Cielo? —

— Sí, Arthur, coches — dijo la señora Weasley — imagínate que un mago se compra un viejo coche oxidado y le dice a su mujer que quiere llevárselo para ver cómo funciona, cuando en realidad lo está encantado para que vuele —

— Bueno, querida, creo que estarás de acuerdo conmigo en que no he hecho nada contra la ley, aunque quiza  debería haberle dicho la verdad a su mujer... Verás, existe una laguna jurídica... Siempre y cuando él no utilice el coche para volar... —

— ¡Señor Weasley! ¡Ya se encargó personalmente de que existiera una laguna jurídica cuando usted redacto esa ley! — grito la señora Weasley —

Alya POV

Observabamos a los papás de ron discutir.

— ... ¡Y, para que lo sepas, Harry ha llegado está mañana en ese coche en el que tú no volaste! —

— ¿Harry? — dijo el señor Weasley mirando a su esposa sin comprender — ¿Qué Harry? —

Se dió la vuelta, vio a Harry y se sobresaltó.

— ¡Dios mío! ¿Es Harry Potter? Encantado de conocerte. Ron nos ha hablado mucho de ti —

— ¡Está noche, tus hijo junto a Alya y a Einar, han ido volando en el coche hasta la casa de Harry y han vuelto! — grito la señora Weasley — ¿No tienes nada que comentar al respecto? —

— ¿Los Edevane? — nos miro — que gusto de verlos, ¿De verdad hicieron eso? — pregunto el señor Weasley nervioso — ¿Estuvo bueno el viaje? Qui-quiero decir — titubeó, al ver que la señora Weasley echaba chispas por los ojos — que está ha estado muy mal, muchachos, pero que muy mal... —

— Dejemos que lo arreglen entre ellos — nos dijo Ron — vamos, les enseñaré mi habitación —

Salimos sigilosamente de la cocina y, siguieron un estrecho pasadizo, llegamos a una escalera torcida que subía atravesando la casa en zigzag.

En el tercer rellano había una puerta entornada. Antes de que se cerrará de un golpe, pudimos ver un par de ojos castaños que estaban espiando.

— Ginny — dijo Ron — No sabes
lo raro que es que se muestre así de tímida. Normalmente nunca se esconde —

Subimos dos tramos más de la escalera hasta llegar a una puerta con la pintura caída y una placa pequeña que decía “habitación de Ronald”

La habitación de Ron era completamente de color naranja intenso: la colcha, las paredes, incluso el techo. También tenía pintados pósters iguales en el que se veía su equipo favorito de Quidditch. Los Chudley Cannons.

— ¿Tu equipo de Quidditch favorito? — le pregunto Harry —

— Los Chudley Cannons — confirmo Ron, señalando la colcha naranja, en la que había estampadas dos letras “C” gigantes y una bala de cañón saliendo disparada — Van novenos en la liga —

— Es un poco pequeña.. — se apresuró Ron a decir — a diferencia de la habitación que tenías en casa de los Muggles. Además, justo aquí arriba está el espíritu del ático, que se pasa todo el tiempo golpeando las tuberías... —

— Es la mejor casa que he visto — dijo Harry con una sonrisa amplia —

La cara de ron se ruborizó hasta las orejas.

_________________________

Le habíamos llamado a mamá diciéndole que pasaríamos lo que faltaba de las vacaciones con los Weasley a lo que ella acepto feliz.

El señor Weasley aprovechaba cada que Harry se sentaba a su lado para comer, haciéndole un interrogatorio de preguntas sobres la vida muggle.

Estaba hablando con Ginny, cuando veo bajar a Ron y a Harry seguidos por los gemelos.

— ¡Buenos días, chicos! — les saludé —

— ¡Buenos días, Aly! — me regresaron el saludo —

Al voltearme de nuevo, no ví a Ginny, se escuchó un estruendo, voltee, viendo a Ginny en el suelo.

Corrí a su auxilio.

— ¿Estás bien, Ginny? — pregunté —

— Ahh — su mirada estaba fijada en Harry — Si... Es-estoy bi-bien — se levantó rápidamente y corrió escaleras arriba —

Harry la ignoró, sentandose en la mesa junto a mi y ron a mi otro extremo.

Einar bajo poco después sentandose frente a Harry.

Por su parte, los gemelos, se quedaron parados.

— Han llegado cartas del colegio — nos dijo el Señor Weasley, entregándonos cuatro sobres idénticos — Dumbledore ya sabe que están aquí, no se le escapa ninguna. También han llegado cartas para ustedes dos — añadió al ver entrar tranquilamente a Fred y George, todavía en pijama —

Leímos en silencio las cartas.

Nos indicaban que tomarán el tren a Hogwarts el día 1 de septiembre, como de costumbre, en la estación de King's Cross.

Se adjuntaba una lista de los libros de texto que necesitaríamos para el curso siguiente:

Los estudiantes de segundo curso necesitarán:

Libro reglamentario se hechizos, segundo curso, Miranda Goshawk.

— Recreo con la <Banshee>, Gilderoy Lockhart.

— Una vuelta con los espíritus malignos, Gilderoy Lockhart.

— Vacaciones con las brujas, Gilderoy Lockhart.

— Recorridos con los trols, Gilderoy Lockhart.

— Viajes con los vampiros, Gilderoy Lockhart.

— Paseos con los hombres lobo, Gilderoy Lockhart.

— Un año con el Yeti, Gilderoy Lockhart.

Después de leer mi lista, Fred hecho un vistazo a la mía.

— También a ustedes les han mandado todos los libros de Lockhart — exclamo — El nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras debe de ser un fan suyo, apuesto a que es una bruja —

— O talvez nuestro nuevo Profesor es el mismísimo Gilderoy Lockhart — dije — Es muy raro que nos pidieran TODOS sus libros —

—Todos estos libros no resultarán baratos — dijo George mirando de reojo a sus padres — ninguno de los libros de Lockhart lo son... —

— Bueno, ya nos apañaremos — repuso la señora Weasley, aunque parecía preocupada — Espero que a Ginny le pueden servir muchas de sus cosas — dijo mirando a sus hijos —

Por suerte a nosotros nos habían mandado dinero para comprar los libros.

— ¿Ya vas a empezar en Hogwarts este curso? — preguntó Harry a Ginny —

Ella asintió, sonrojándose hasta la raíz del pelo, que de por si era de un color rojo encendido, y metió el codo en el plato de la mantequilla.

Yo solo rodé los ojos ante sus acciones.

Percy entro luciendo su insignia de prefecto en Hogwarts.

— Buenos dias a todos — saludo Percy con voz segura — Hace un hermoso día —

Se sentó en la única silla que quedaba, pero inmediatamente se levantó dando un brinco, y quitó del asiento al pobre Errol, ya estaba todo desplumado y viejo.

— ¡Errol! — exclamo ron, tomando a la maltratada lechuza y sacándole una carta que llevaba bajo el ala — ¡Aquí está la respuesta de Hermione! Le conté que íbamos a ir a rescatarte de los Dursley —

Tomo la carta y la leyó en voz alta.

— Queridos, Ron, Harry, Alya y Einar, si es que están ahí. Espero que todos saliera bien y que Harry este estupendamente, y que no hayan tenido que saltarse las normas, ya que eso les traería problemas a todos y a Harry. Si Harry está ahí, le ruego que me escriba lo antes posible para contarmelo, pero será mejor que usen otra lechuza, ya que no creo que está aguante otro viaje. Estoy muy atareada con los deberes escolares —

Eso nos hizo sorprendernos ¿Deberes? ¿En VACACIONES?.

— Y el próximo miércoles nos vamos a Londres a comprar los nuevos libros. ¿Por qué no quedamos en el callejón Diagon? Cuéntenme lo que ha pasado en cuanto puedan. Un beso de Hermione — termino de leer Ron —

— No estaría mal, podríamos ir también a comparar el material escolar que necesitan — dijo la señora Weasley — ¿Que van a hacer hoy? —

Teníamos planeado ir junto a los gemelos a un pequeño prado que estaba subiendo la colina.

Allí podríamos practicar el Quidditch, solo con la condición de no volar tan alto. No podíamos usar las verdaderas pelotas de Quidditch así que en su lugar lanzaban manzanas.

Cinco minutos después nos encontrabamos subiendo la colina, con las escobas al hombro.

Le habíamos preguntado a Percy si quería venir con nosotros, pero solo respondió que estaba muy ocupado.

— Me gustaría saber qué se lleva entre manos — dijo Fred, frunciendo el entrecejo — No parece el mismo. Recibió los resultados de sus exámenes el día antes de que llegaran. Tuvo doce M.H.B. y apenas se alegró —

— Matrícula de Honor en Brujería — explicó George, viendo la cara de incomprensión de Harry — Bill también saco doce. Si no nos andamos con cuidado, tendremos otro delegado en la familia. Creo que no podría soportar la vergüenza —

Ron nos había contado que Ron era el mayor de los hermanos Weasley. Él y el segundo Charlie, había terminado ya en Hogwarts. Nunca habíamos visto a ninguno de los dos, pero sabía que Charlie estaba en Rumania estudiando a los dragones, y Bill en Egipto, trabajando para Gringotts.

— No sé cómo se las van a arreglar papá y mamá para comprarnos todo lo que necesitamos este curso — dijo George después de una pausa — ¡Cinco lotes de los libros de Lockhart! Y Ginny necesitará una túnica y una varita mágica, entre otras cosas —

__________________________

Al miércoles siguiente, la Señora Weasley nos despertó a todos temprano.

La señora Weasley, tomo una maceta de la repisa de la chimenea de la cocina, echando un vistazo dentro.

— Ya casi no nos queda, Arthur — dijo con un suspiro — Tenemos que comprar un poco más... ¡Bueno, los huéspedes primero! ¡Vamos Harry! —

Le ofreció la maceta.

— ¿Qué... Qué es lo que tengo que hacer? — tartamudeó —

— Él nunca ha viajado con polvos flu — dijo Ron — Lo siento, Harry, no me acordaba —

— ¿Nunca? — le pregunto el señor Weasley — Pero, ¿Cómo llegaste al callejón Diagon el año pasado? —

— En metro... —

— ¿De verdad? — inquirió interesado el señor Weasley — ¿Había escaleras mecánicas? —

— Ahora no, Arthur — le interrumpió la señora Weasley — Los polvos flu son mucho más rápidos, pero la verdad es que si los has usado nunca...  —

— Lo hará bien, mamá — dijo Fred — Harry, primero miranos a nosotros —

Tomo un pellizco de los polvos flu, se acercó al fuego y los arrojó a las llamas.

Las llamas se volvieron color verde esmeralda y se hicieron más altas que Fred. Éste se metió en la chimenea, gritando: ¡Al callejón Diagon!, Y desapareció.

— Tienes que pronunciarlo claramente — dijo a Harry la señora Weasley, mientras George introducia la mano en la maceta — y ten cuidado de salir por la chimenea correcta —

— ¿Que? — pregunto nervioso, al tiempo que la hogar volvía a tronar y se tragaba a George —

Realmente nosotros tampoco habíamos viajado con los polvos flu.

— Bueno, ya sabes, hay una cantidad tremenda de chimeneas de magos entre las que escoger, pero con tal de que pronuncies claro... —

— Lo hará bien, Molly, no te apures — le dijo el Señor Weasley —

— Pero querido, si Harry se perdiera, ¿Cómo se lo íbamos a explicar a sus tíos? —

— A ellos les daría igual — la tranquilizó Harry — si yo me perdiera aspirado por una chimenea, a Dudley le parecería una broma estupenda, así que no se preocupe por eso —

— Bueno, está bien..., Ve después de Alya — dijo la señora Weasley — y cuando entres al fuego, di a dónde vas —

Tome un puñado de polvos flu, nerviosa.

— ¿Has viajado antes con los polvos flu? — me preguntó el señor Weasley —

— ehh... Si, claro — respondí —

Arrojé los polvos a las llamas  y di unos pasos hacia adelante.

Abrí la boca y un montón de ceniza entro por mi boca.

— Ca-callejón Di-diacon — dije tosiendo —

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Mi cuerpo fue succionado por los tubos de la red flu.

Trate de mantenerme lo más recta posible.

Caí de rodillas sobre algo frío y duro.

Rápidamente me puse de pie para salir de ahí.

— ¿Alya? — se escuchó una voz a mis espaldas —

— Draco — dijo volteando a verlo — que casualidad —

— ¿Que haces aquí? ¿Y mi tía? —

— Ahhh — mire a todos lados — fue a dónde mi hermano — repuse —

— Ah — dijo examinandome — podríamos acompañarte a buscarla —

— oh, no, no se preocupen, yo iré a buscarla —

— ¿Ok? — no deje terminar hablar a malfoy cuando salí corriendo de la tienda —

— ¡Harry! ¿Que demonios haces aquí? — escuché la voz de Hagrid a lo lejos —

Corrí en dirección de la voz.

— ¡Hagrid! ¡Harry! — exclamé feliz de encontrarlos —

— ¿¡Tu también, Alya!? — hagrid nos tomo del pescuezo, nos llevó hasta un lugar iluminado por la luz del sol. —

— ¡No tienen remedio! — nos dijo Hagrid — Merodeando por el callejón Knockturn... Es un mal sitio, no deben ser visto en ese lugar —

— Ya me di cuenta — dijo Harry —

— Nos hemos perdido, ¿Tu que hacías ahí? — dije con curiosidad —

— Buscaba un repelente contra las babosas carnívoras — gruño hagrid — Están echando a perder las berzas, ¿Están solos? —

— Hemos venido con los Weasley, pero nos hemos separado — explico Harry — tenemos que buscarlos —

Bajamos juntos por la calle.

— ¿Por qué no has respondido a ninguna de mis cartas? — pregunto Harry —

Harry le explicó todo sobre sus tíos y Dobby.

— ¡Condenados Muggles! — gruño Hagrid — Si hubiera sabido... —

— ¡Harry! ¡Alya! ¡Aquí! —

A lo lejos vimos a Hermione, en lo alto de las escaleras de Gringotts.

Bajo corriendo hacia nosotros.

— ¿Que les ha pasado a tus gafas, Harry? Hola, Hagrid, Alya ¡Cuánto me alegro de volver a verlos! ¿Vienen a Gringotts? —

— En cuanto encontremos a los Weasley — respondimos —

— No tendrán que esperar mucho — dijo Hagrid con una sonrisa —

Los Weasley venían corriendo hacia nosotros.

—¡Harry! ¡Alya! — dijo el Señor Weasley — Molly está desesperada..., Ahora viene —

— ¿Dónde han salido? — pregunto Einar —

— En el callejón Knockturn — dije —

— ¡Fenomenal! — exclamaron Fred y George a la vez —

— A nosotros nunca nos han dejado entrar — admitió Ron —

La señora Weasley apareció, corriendo entre la multitud, con una de sus manos sujetaba a Ginny, la cuál estaba un poco mareada.

— ¡AY, Harry, Alya... Podrían haber salido en cualquier parte! —

Sacó un cepillo grande, con eso nos quitó el hollín que nos había quedado en la ropa.

El señor Weasley tomo las gafas de Harry, les dió un golpecito con su varita mágica y se las devolvió como nuevas.

— Bueno, tengo que irme — dijo Hagrid, la mamá de Ron le agradecía el habernos encontrado — los veré en Hogwarts — se alejo a zancadas —

— ¿A qué no adivinan a quien visto en Borgin y Burkes? — dije — A Draco y a su padre, no sé cómo me escape de sus preguntas —

— ¿Y compro algo Lucius? — pregunto el señor Weasley —

— No, más bien quería vender —

— Así que está preocupado — comentó el señor Weasley — ¡Cómo me gustaría atrapar a Lucius! —

Dejo de hablar en cuanto entramos al banco, cuando vimos a los que me imagino que son los padres de Hermione.

— ¡Pero ustedes son Muggles! — observó encantado el señor Weasley — ¿Que tienen ahí? ¡Ah, están cambiando dinero Muggle! — el padre de Hermione sostenía un billete de diez libras esterlinas —

— Nos veremos aquí luego — dijo ron a Hermione —

Un duende de Gringotts se acercó a nosotros para conducirnos a las cámaras dónde se guardaba el dinero.

Para llegar a las cámaras teníamos que subir en unos carros pequeños, conducidos por los duendes.

Al llegar a la cámara de los Weasley, solo se vio en el interior un montoncito de sickles de plata y un galeón de oro.

La señora Weasley tomo todas las monedas y las hecho en su bolso.

Harry, al llegar a su cámara, entro rápidamente tratando de que no viéramos su interior.

Salió con una bolsa de cuero llena de monedas.

Al llegar a mi cámara hice lo mismo que Harry, tratando de impedir que vieran el contenido de la cámara.

Salí con dos bolsas llenas de monedas, que rápidamente metí a mi bolso.

Al salir de las escaleras de mármol, el grupo se separó.

Percy se fue diciendo que necesitaba una pluma nueva. Fred y George habían visto a su amigo de la escuela, Lee Jordan. La señora Weasley había ido con Ginny a una tienda de túnicas de segunda mano. Y el señor Weasley insistía en invitar a los Granger a tomar algo en el caldero chorreante.

— Nos veremos en una hora en Flourish y Blotts para comprarles los libros de texto — dijo la señora Weasley yéndose con Ginny — ¡Y no se acerquen al callejón Diagon! — grito a los gemelos —

Harry, Ron, Hermione y yo paseamos por la calle adoquinada.

Harry compro cinco helados de fresa y mantequilla de cacahuate, los cuales devoramos mientras subíamos por el callejón.

Ron y Einar se quedaron mirando un conjunto completo de túnicas de los jugadores del Chudley Cannons.

Hermione los tomo a rastras  mientras Harry y yo íbamos detrás de ellos. Nos llevó a dónde debíamos comprar tinta y pergamino.

En la tienda de artículos de broma Gambol y Japes encontramos a los gemelos junto a Lee Jordan, que se estaban abasteciendo de las Fabulosas Bengalas del doctor filibuster, las cuales no necesitan fuego para encenderse ya que se encienden con la humedad.

Después en una tienda de trastos usados, encontramos a Percy, el cuál estaba completamente absorto en la lectura de un libro aburridisimo llamado Prefectos que conquistaron el poder.

— Suena fascinante... — dijo Ron —

— Marchense — dijo de mal humor el hermano de Ron —

Salimos en silencio del lugar.

_______________________________

Al pasar una hora, llegamos a Flourish y Blotts.

Estaba repleta de personas que se apretujaban en la puerta, tratando de entrar.

El motivo de tal aglomeración lo proclamaba una gran pancarta colgada de las ventanas del primer piso:

Gilderoy Lockhart
Firmará hoy ejemplares de su autobiografía
El encantador
De 12:30 a 16:30 horas.

¡Podremos conocerlo en persona! — chilló Hermione — ¡Es el que ha escrito casi todos los libros de la lista! —

La multitud estaba conformada con brujas de la edad de la señora Weasley.

En la puerta estaba un mago con aspecto abrumado.

— Por favor, señoras, tengan calma... No empujen... Cuidado con los libros — decía este —

Cuando conseguimos entrar, vimos que había una larga fila hasta el fondo, dónde Gilderoy Lockhart, estaba firmando libros.

Cada uno tomo un ejemplar de Recreo con la Banshee y disimuladamente nos unimos al grupo de los Weasley, que estaban junto a los padres de Hermione.

— ¡Que bien que ya están aquí! — nos recibió la señora Weasley — Enseguida nos tocará — parecía que le faltaba el aliento, mientras se retocaba el cabello con las manos —

Mediante avanzabamos, podía ver mejor a Gilderoy Lockhart.

Estaba sentado en una mesa, rodeado de autoretratos suyos, en los cuales guiñaba un ojo mientras sonreía mostrando los dientes.

El Gilderoy Lockhart de carne y hueso vestía una túnica de color añil, que combinaba perfectamente con sus ojos, llevaba un sombrero puntiagudo de mago desenfadadamente ladeado sobre el pelo ondulado.

Un hombre pequeño, Merodeando por allí sacando fotos con una gran camara negra.

Gilderoy Lockhart, nos dirigio una mirada para luego levantarse y caminar hacia nosotros.

— ¿Eres Harry Potter? — le pregunto a Harry —

Harry nervioso asintió, Gilderoy lo llevo a rastras hacia delante.

La multitud aplaudió, Harry se notaba un poco incómodo. Mientras el pequeño hombrecillo no dejaba de tomarles fotos.

— Ahora sonríe, Harry — le pidió Lockhart — Tu y yo juntos nos merecemos la primera página —

En cuanto le soltó la mano quiso volver con nosotros, pero, Lockhart lo retuvo a su lado.

— Señoras y Caballeros — dijo en voz alta — ¡Éste es un gran momento! ¡El momento ideal para que les anuncie algo que me he mantenido en secreto!—  La multitud aplaudió de nuevo — ¡Tengo el placer de anunciarles que desde este mes seré el Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia! —

Gilderoy le regaló a Harry sus obras completas. Harry camino hacia nosotros. Dónde nos encontrábamos.

— Tenlos tú — metió sus libros en mi caldero — yo compraré los míos —

Disimuladamente metí los libros en el caldero de Ginny, yo también compraría mis propios libros.

— Así que te gusta mi prima, ¿Eh, Potter? — dijo una voz a mis espaldas,  reconocí al instante que era el mismísimo Draco Malfoy —

Este se colocó frente a Harry.

— ¡Déjalo en paz, Malfoy! — replique parandome frente a Harry —

— ¿cómo es posible que te guste ese tonto? — me replico Draco — Eres una tonta sin dudas —

— ¿Y a ti que si soy una tonta? Estúpido niño teñido —

Ron y Hermione llegaron a nuestro lado.

— ¡Ah, eres tú! — dijo Ron mirando a Malfoy — ¿A qué te sorprende ver aquí a Harry, eh? —

— No me sorprende tanto como verte a ti en una tienda, Weasley — replico Malfoy — Supongo que tus padres pasarán hambre durante un mes para pagarte esos libros —

Ron se pudo tan rojo como su cabello. Dejo los libros en un caldero y se fue hacia malfoy, haciéndome a un lado bruscamente, haciéndome caer. Hermione y Harry lo tomaron de la chaqueta.

Mientras Einar se agachaba a mi lado, al verme en el suelo.

— ¡a mi prima no la empujas! — Malfoy le dió un empujón a Ron, él
cuál estaba a punto de devolverlo —

— ¡Ron! — dijo el Señor Weasley — ¿Que haces? Vamos a fuera, que aquí no se puede estar —

— vaya, vaya... ¡Si es el mismísimo Arthur Weasley! —

Era el padre de Draco.

— Lucius — dijo el señor Weasley fríamente  —

— Mucho trabajo en el ministerio, me han dicho — comento mi tío — Todas esas redadas... Supongo que al menos te pagarán las horas extras, ¿No? — se acercó al caldero de Ginny y saco de entre los libros nuevos de Lockhart un ejemplar muy viejo y estropeado de la Guía de transformación para principiantes — Es evidente que no — rectifico — Querido amigo, ¿De que sirve deshonrar el nombre de mago si nisiquiera te pagan bien por ello? —

El señor Weasley se puso aún más rojo que Ron.

— Tenemos una idea diferente de qué es lo que deshonra el nombre de mago, Malfoy — contesto —

— Es evidente — dijo el señor Malfoy mirando de reojo a los padres de Hermione — por las compañías que frecuentas, Weasley... Creía que no podías caer más bajo —

La señora Weasley me ayudó a levantarme, mientras regañaba a Ron diciendole lo mal que estuvo el haberme empujando.

Entonces el caldero de Ginny salto por los aires, el señor Weasley se había lanzado sobre El señor Malfoy, y este fue a dar de espaldas contra un estante.

Docenas de pesados libros de conjuros les cayeron sobre la cabeza, Los gemelos gritaban: “Dale, Papá”, y la señora Weasley exclamaba: “¡No, Arthur, no!” La multitud retrocedió derribando a su vez otros estantes.

— ¡Caballeros, por favor! — grito un empleado —

— ¡Basta ya, caballeros! —

Hagrid rápidamente separó al señor Weasley y a mi tío.

El primero tenía un labio partido, y al segundo, una enciclopedia de setas no comestibles le había dado en un ojo.

Malfoy todavía sujetaba en la mano el viejo libro. Se lo entrego a Ginny, con la maldad brillandole en los ojos.

— Toma, niña, ten tu libro, que tu padre no tiene nada mejor que darte —

Librandose de Hagrid, le hizo una seña a Draco y salieron de la librería.

— No debería hacerle caso, Arthur — dijo Hagrid, ayudándolo a levantarse — en esa familia están podridos hasta las entrañas, lo sabe todo el mundo. Son una mala raza. Vamos salgamos de aquí. —

El empleado quería impedirnos la salida, pero a Hagrid apenas le llegaba a la cintura así que se lo pensó mejor.

Los padres de hermione aún seguían temblando en cuanto salimos del lugar y la señora Weasley, que iba a su lado, estaba furiosa.

¡Que bien ejemplo para tus hijos... Peleando en público! ¿Que habrá pensado Gilderoy Lockhart? —

— Estaba encantado — repuso Fred — ¿No le oyeron cuando salíamos de la librería? Le preguntaba al señor ese de El Profeta si podría incluir la pelea en el reportaje. Decía que todo era publicada —

Los ánimos ya se habían calmando cuando el grupo llegó a la chimenea del Caldero Chorreante, dónde volvimos a la madriguera después de comprar todo lo que necesitabamos, con los polvos flu.

Antes nos despedimos de los Granger, que abandonaron el bar por la otra puerta, hacia la calle muggle que había al otro lado.

El señor Weasley les iba a preguntar cómo funcionaban las paradas de autobús, pero se detuvo en cuanto vio la cara que ponía la señora Weasley.

Los polvos flu no eran para nada mi medio de transporte favorito

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